lunes, 20 de febrero de 2012

A LA MÚSICA (fotografía de begoña casáñez clemente)

Arthur Rimbaud

A la plaza dispuesta con céspedes medrosos,

donde todo es correcto: los árboles, las flores,

asmáticos burgueses, que ahogan los calores,

traen todos los jueves, sus rencillas, celosos.

La banda militar, en medio del jardín,

toca el Vals de los pífanos y el chacó balancea;

en las primeras filas, rebulle un zascandil,

y, presumiendo de dijes, el notario pasea.

Rentistas con monóculo, subrayan los gazapos;

los burócratas gordos, arrastran sus esposas,

detrás de ellas van, cursis y presurosas,

damas de compañía, presumiendo de trapos.

Sobre los verdes bancos, drogueros retirados

que remueven la arena con su bastón de bola,

formalmente discuten los últimos tratados

y pinzan su rapé, meneando la chola.

Con su mórbida ijada del banco desbordando,

un dichoso burgués, de flamenca tripilla,

saborea el tabaco de su pipa de arcilla;

una brizna se escapa: ¡ah es de contrabando.

Rondan por la pradera, con su guasa, los pillos;

al son de los trombones y al olor a rosales,

los cándidos caloyos se sienten más mochales

y embelecan las amas, mimando a los chiquillos.

Yo ando desgarbado, como un estudiante;

y bajo los castaños, las chicas pizpiretas,

saben lo que yo espero; me miran un instante:

sus ojos están llenos de cosas indiscretas.

No digo una palabra, y miro y adivino

bordado el blanco cuello por los locos mechones,

sigo, bajo la blusa, los primorosos dones,

la curva de la espalda y su dorso divino.

Descubrí, un momento, la botina, la media;

ellas me encuentran raro, sonríen, tal vez duden...

reconstruye su cuerpo la fiebre que me asedia

y siento que los besos, a mis labios acuden.

Arthur Rimbaud en Poesía completa (Ediciones 29, Barcelona, 2003).

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