miércoles, 15 de noviembre de 2017












EL MIRLO


¡ Que belleza aquel pájaro

posado sobre el poste en el tejado,
bañado en el terciopelo azul
de la mañana nueva!
¡Que belleza aquel pájaro!
El plumaje negro, el pico amarillo...

Tenía todo el vuelo contenido en sus alas


begoña  casáñez clemente










domingo, 12 de noviembre de 2017

LA LINTERNA DE JACK

                                                        







                                                                                  






                                                            LA LINTERNA DE JACK


                                                                              I

Los escaparates de los colmados del barrio, lucían repletos de  caramelos de todos los


colores, brownies, pastel de Malvira, cakes de calabaza y de chocolate, galletas de


jengibre con forma de muñecos, decorados con líneas de azúcar que los los cambiaban


a momias, esqueletos, brujas... ¡ pero no podía oler nada!... Siempre en esa


fecha, las casas y los obradores, desprenden un agradable aroma  a especias que se


propaga por  las calles. Estaba seguro de que empezaba a acatarrarse.  


Al ver las vitrinas tan profusamente engalanadas, era inevitable acordarse de la niñez,


y a pesar de que parecía tener, una colonia de pájaros carpinteros dentro de la cabeza,


picoteando incansables el cráneo, no pudo evitar reirse, al recordar su infancia:


- ¡Qué felices, y  por lo mismo, ingenuos éramos! y  ¡como disfrutábamos en


Hallowen!- pensó.


El día de los muertos, aunque invariablemente terminaba con dolor de estómago,


-era este un precio que estaban dispuestos a pagar-, siempre había sido memorable.


Durante los días siguientes, mientras agotaban el botín de caramelos, revivían los


momentos en que lo habían conseguido. Soltó una carcajada, al recordar la noche


en que  Boris O'Sullivan, vestido de drácula, envuelto en una capa que era, en


realidad, la  falda de un viejo vestido de fiesta negro de su madre, la cara


embadurnada con un emplasto hecho de polvos de talco, harina y agua, dos hileras de


sangre pintada con rotulador, saliendo de las comisuras de sus labios, intentó besar a  


Brenda Sabini, quien como en un acto reflejo, le estampó en la boca, con un golpe


tajante, la manzana de caramelo que llevaba en la mano, gritándole:


- ¡Cretino marpione*!".


Boris, petrificado y dolorido, con los ojos vidriosos y seguramente


ruborizado debajo del maquillaje blanco, dirigiendo hacia él la mirada, preguntó, con


un hilo de voz a punto de quebrarse:


- ¿Qué me ha llamado?.




                                                            

                                                                 II



Se dio cuenta de que iba riéndose a carcajadas, de que la gente al verle, podría pensar


que algún maleficio le había vuelto loco, después de todo era el día de los muertos, y


las fuerzas del mal amenazaban con desatarse. Todo lo que pensaba le provocaba más


risa, la cual era cada vez más estrepitosa, se agachó en una esquina abrazándose a la


altura del estómago y estuvo a punto de vomitar. Sus ojos lloraban y sentía, como se


ahogaba por momentos, pero no podía parar.


Decidió regresar a casa,  le pediría un calmante al vecino. Ya saldría a comprarlos un


poco más tarde, después de todo, ninguna tienda estaba abierta.




Al pasar por la zapatería de la plaza, vio al señor  López  que levantando la mano,


pero mirándole muy serio, le saludaba desde el interior. Esto, no hizo más que


aumentar su ataque, ya histérico, de risa.  Gracias a Dios, López era la única persona


que le había visto en esas condiciones. No se veía ni un alma por la calle, aunque


estaba seguro de que más de uno le estaría observando detrás de las cortinas, después


de todo, en los pueblos pequeños, la gente vigila la calle tras  las cortinas, y en estos


momentos, él era uno de los blancos preferidos para este furtivo entretenimiento.


Acababa de llegar de Europa, y todo el mundo hablaba de su fulgurante carrera.



¡Que serierdad la del señor López!. Recordó a su mujer que era muy guapa,  y que


tenía un largo pelo negro que  brillaba al sol, cuando se sentaba a la puerta de la tienda, en


los dilatados atardeceres del verano. Vestía siempre muy colorida y olía a jazmines.


Habían llegado de México hacía ya muchos años, y se habían instalado en el pueblo,


parece ser, que para siempre. De hecho ,hubiese jurado, que había oído decir que  


López  había muerto. Pero era evidente que no.


Volvió a reir  con carcajadas histéricas.




   

                                                           III



El viento había hecho rodar la linterna de Jack que había colgado en el porche.


Entró y se sentó en la cocina.


El grifo goteaba sobre los platos sucios.


El dolor de cabeza había remitido. Pensó en ducharse y salir a desayunar  al café 


Pomo.             



La puerta de su habitación estaba entreabierta. Pudo ver los pies de alguien que


estaba tumbado en su cama. No tuvo miedo. No tuvo ninguna sensación. Tan solo


atravesó la puerta y se quedó contemplandose unos minutos. Sus ojos, fijos en el


techo. Ningún pensamiento, esto era evidente, transitaba su mente. Abrazaba su


estómago. La boca entreabierta. 




Cruzó frente al espejo, que no le reflejó.  







*Marpione: bribón, mujeriego.